Administrador Marioneta del Triunvirato

Registrado: 12 Sep 2006 Mensajes: 113
|
Publicado: Lun, 18 Dic 2006 6:45 pm Asunto: HOMENAJE de la TERTULIA a MONTSERRAT CABALLE: EL DOSSIER |
|
|
HOMENAJE de la TERTULIA a MONTSERRAT CABALLE: EL DOSSIER
por Los tertulianos de La Tertulia del Foyer (a petición de Turiddu)
La Tertulia del Foyer
Foro Abierto para Amantes de la Lírica
http://italianidad.crearforo.com
HOMENAJE DE LA TERTULIA A MONTSERRAT CABALLE
FELICITACIONES PARA MONTSERRAT CABALLÉ
Bartolo escribió dos felicitaciones:
1ª Felicitación:
Mis más sinceras felicitaciones a doña Montserrat por sus bodas de oro escénicas. Parafraseando el final de su biografía, "Casta Diva, desde luego".
2ª Felicitación:
Querida Montserrat:
Decía Nietzsche que sin música la vida sería un error. Decía Oscar Wilde que el arte de la música es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos. Si Nietszche nos pudiera oír, todos completaríamos en coro su cita diciendo "... y la ópera sin la Caballé, algo impensable" . Si Wilde hubiera vivido para poder escucharla hubiera sido aún más consciente de cuanta verdad existe tras sus palabras. Yo tan sólo puedo añadir ocho palabras: "muchísimas gracias por hacernos felices con su arte".
Turandot:
Uno de los momentos más emocionantes de mi vida fue hace unos meses cuando pude acceder a los camerinos del Liceu y darle la mano a Doña Montserrat Caballé. Para mí ella ha sido un mito desde mi infancia, y poder verla y estrecharle la mano fue un momento absolutamente electrizante y maravilloso.
Gracias, Señora Caballé, por los maravillosos momentos que sus discos me han proporcionado. Gracias por estimularme a intentar, dentro de mis modestas posibilidades, imitarla o, por lo menos, aprender de usted.
Kraus:
Merecidísimo homenaje a la diva catalana, una de las voces con el timbre más bello de la era del disco, una consumadísima belcantista, con la que más de uno ha descubierto y se ha enamorado de la ópera. Y no es para menos cuando hablamos de Caballé, que ya tiene un lugar entre las grandes cantantes de todos los tiempos.
Muchas gracias, Sra. Caballé.
Rigolier:
Si la SEÑORA Caballé llega a leer estas humildes líneas que le escribe un modesto pero incondicional aficionado, sólo quiero que sepa que gracias a su arte he disfrutado de muchas horas (y las que me quedan) de intensas emociones que no es fácil describir con palabras, como todas aquellas sensaciones que se experimentan muy adentro. Nunca dejaré de lamentar lo suficiente no haber tenido la ocasión de escucharla en vivo.
Igualmente quiero decirle que, gracias al documental sobre su vida que tuve ocasión de ver hace no mucho tiempo, he descubierto que bajo la gran artista por todos conocida existe también una mujer maravillosa y un ser humano de categoría excepcional.
Por todo ello, permita que le transmita mi afecto y mi más sincera felicitación, con mis mejores deseos para el futuro.
Barbebleue:
Para Dña. Montserrat, por encima de repertorios y adecuaciones, una inmensa artista por talento y facultades,
un lujo de soprano inmersa ya por merecimiento en la historia. Un ejemplo de carrera y una luz para el futuro.
Yo, al igual que muchos millones de aficionados, le estaré siempre agradecido por tener ese arte y saber transmitirlo;
y por ello le deseo lo mejor ¡ que sea feliz !
Sharpless:
¿Que se puede decir a una persona a la que le debo tanto?. La verdad es que poco:
GRACIAS
Gracias por existir, gracias por cantar, gracias por ser un homenaje viviente a la Musica.Gracias por haberme aportando tanto, por haber enriquecido mi vida desde la primera vez que la escuché (en Aida) hasta la última (ahora mismo en Semiramide).
Por todo ello Doña Montserrat, nada más y nada menos que GRACIAS POR ESTAR AHI.
R. Lasparri:
Creo que la voz de MONTSERRAT CABALLÉ fue de las primeras que escuché en mi vida. Mi señora madre, admiradora incondicional desde sus inicios, me daba los potitos y las papillas con su Depuis le jour sonando en el viejo tocadiscos.
Con el tiempo aprendí a amar su arte y hoy admiro además de una voz y una técnica espectaculares a una persona entrañable con una risa llena de sinceridad, al igual que su carrera.
En este día tan especial le deseo muchísima felicidad y quiero darle las gracias por tanto que nos ha dado a los aficionados a la lírica.
GRACIAS MIL, MONTSERRAT.
Sr. Wilson:
Y enhorabuena a Doña Montserrat por una carrera superlativa. Sólo puedo decir:
HE AHÍ UNA SOPRANO.
Titus:
La de Montserrat Caballé es una de esas carreras que se merecen un apartado propio en la historia de la ópera. Además de ser una gran artista, con una de las voces más bellas que se hayan grabado jamás y una técnica legendaria que hace que hasta la partitura más enrevesada suene natural, Montserrat es una grandísima profesional y una persona maravillosa. Los que tenemos la suerte de poder disfrutar de su arte, aunque en mi caso sólo haya podido ser a través de sus grabaciones, no podemos más que decirle: GRACIAS, Montserrat, por todas las veces que nos has hecho felices.
Julio Mur:
Toda la felicidad del mundo para Montserrat Caballé, además de su talento y de la belleza de su voz, Montserrat es una mujer a quién quiero muchísimo sin necesidad de conocerla físicamente, despierta en mí sentimientos de admiración y cariño como pocas personas a quien sí conozco. He oído decir a Luis Carandell en cierta ocasión, si envidio a alguien es a Bernabé, que disfruta perpetuamente de la voz de Montserrat ¡Que razón tenía!
Rubini:
Me uno igualmente en los parabienes a la grandísima Montserrat Caballé, en un momento tan especial.
Toda una institución y leyenda en el mundo de la ópera, que tantos espacios de gozo me ha brindado a este aficionado operático, sobretodo en su encomiable labor de interesarse en el repertorio inusual, dándonos a conocer verdaderas joyas.
Hace pocos años y en lo que sería un momento inolvidable, con motivo de asuntos de trabajo tuve desde desplazarme a Europa desde este lado del charco; concretamente a Madrid.
Así que no podía desaprovechar la oportunidad de verla y escucharla en la versión de concierto de La Cleopatra de Massenet; y disfrutar de todo su arte, haciendo uso de las armas y maravillas que la naturaleza le prodigó y que solo el conocía por el audio y el video.
Tuve la gran suerte de conseguir una de las poquísimas entradas disponibles el mismo día del concierto, en butaca.
Y al final del concierto, se completó la experiencia de poder saludarla y estrecharle su mano, además de recibir su autógrafo que tanto atesoro.
Un abrazo a la gran Montserrat.
Eboli:
De Montserrat Caballé, repetir lo que los demás compañeros han dicho, y si acaso, añadir sólo lo que es más personal, lo que significa para mí esta músico excepcional en, quizá, las dos óperas con las que me quedaría si no pudiera volver a escuchar ninguna más: en ese Don Carlo glorioso con Corelli es mi Elisabetta ideal, la Elisabetta que uno querría escuchar siempre; y su Salomé es una referencia absoluta de cómo llevar al paroxismo la expresión musical. Gracias a esta gran Maestra por todo lo que me ha hecho disfrutar y vivir con su arte y por lo que con ella he aprendido.
Fantine:
Benvolguda Sra Caballé
Ara no fa molt anys, quan jo començava amb això de la òpera, un bon amic em va dir: "Seu. Que ara t'ensenyaré com es canta". I em va posar una peça. Ni tan sols recordo què era, però sí sé que la cantava una veu femenina. I que va fer una cosa que em va deixar així : va aprimar la seva veu fins a convertir-la en un fil minúscul i la va mantenir així, a l'aire, feble però ferma més temps del que jo podia ni somniar.
Quan vaig ser capaç de reaccionar li vaig cridar "PERO....QUE ES AIXO????"..i em va dir: "Tant és el nóm tècnic. La única cosa que recordaràs d'avui és el que t'ha fet sentir, el que t'ha traspassat la pell durant aquests breus moments. Per cert, la intèrprete és la nostre Montserrat".
Obviament es va equivocar: recordo el nom tècnic, recordo la sensació i obviament no oblidaré mai el nom de la cantant: el seu.
Moltes gràcies Montserrat per haver-me ensenyat a estimar la música.
Un petó
maac:
Gracias Montserrat, como artista, por haber entregado tu vida al canto, ¡Y de qué manera! y, como personaje público, por tu simpatía, humildad e integridad y por ser un ejemplo a seguir en estos tiempos en los que estos valores son tan escasos. Estas dos mujeres, la cantante y el personaje público, forman, para mí, un ser entrañable que ha estado presente en mi vida desde que nací, un 25 de septiembre de 1966.
pobrecito hablador:
Larga vida a la Sra. Caballé que tanto nos ha hecho disfrutar a todos. Cualquier homenaje que se le haga será merecido. Un beso y mi admiración y gratitud hacia ella.
Balstrode:
Me sumo, con mi granito de arena, pero con todo entusiasmo a este homenaje a una enorme cantante, artista y señora.
Revisando la historia, hubo una tal Eleonora Voceforte, florentina, nacida en 1316, muerta de cólera morbo en Napoles en 1368, con una voz más bella que la de Doña Montserrat.
Por otra parte, y, según la opinión de importantes arqueólogos la "mujer de la sima 5 de Atapuerca" tenía una capacidad laríngea que permitía filados espeluznantes...
...pero, de lo que yo he oído con estas orejas, nessuna ha cantado con un timbre tan bello como el de Doña Caballé.
Siempre BRAVISSIMA.
Turiddu:
Querida Montserrat:
Para empezar, te ruego me disculpes que te tutee. En persona seguro que no me atrevería, pero para hacerte esta felicitación no se me ocurre mejor manera que arrogarme este derecho. Porque he pasado más tiempo contigo, con la compañía de tu voz, que con muchas otras personas a las que quiero muchísimo. Y en la complicidad que ha nacido con tu voz existe también un genuino cariño. Te considero alguien de mi familia, lo cual es un honor, pero para mí.
Es muy difícil condensar en unas pocas líneas lo que significas, has significado, y significarás para mí. Siempre, en los momentos de duda, de dolor, de alegría, de turbación, de infelicidad, de desasosiego, de paz, de cualquier sentimiento algo especial fuera cual fuera su característica u origen, tu voz ha sido el bálsamo para superar las dificultades, o el himno con el que festejar las alegrías.
Te he visto 6 veces en escena. Pero nunca, hasta la última, me atreví a acercarme a tu camerino a saludarte y felicitarte. No quería parecer un idiota, y, como ocurrió en Perelada, simplemente quedarme sin palabras ante ti, lo que siempre temí que me iba a suceder.
La primera vez que te escuché fue en Canarias, donde diste un recital si no recuerdo mal para compensar una cancelación por enfermedad de una representación operística. Yo era un enano preadolescente, y no sería verdad si te dijera que iba al concierto alegre, feliz y emocionado... Iba enfadadísimo y me parecía un aburrimiento. Creo que, con esa edad, no sé si tendría 12 años, era más que normal, dado que jamás había escuchado una sola nota de ópera. Pero me obligaron a ir. Saliste a escena. Desde lo alto del teatro, una voz amiga te gritó “Montserrat, ¿cómo estás?” y tú, con serenidad, respondiste “¡Gorda, como siempre!”, consiguiendo que el público te aclamara por tu humanidad y simpatía. En ese momento, al menos, te di el beneficio de la duda, esa señora que estaba allí igual tenía algo interesante que decir. Comenzó el recital, y con las primeras piezas me quedé anonadado. Allí no había ni una colección de gritos ni las cosas raras y aburridas que yo pensaba, sino una voz limpia, bella, como un rayo de luz, que inundaba la sala, te atravesaba el alma y se encerraba en lo más profundo de tu corazón. Para el descanso estaba absolutamente arrobado, y al final del concierto, a tus pies. No era más que un niño, pero tuve la sensación de estar ante algo importante. En aquella época yo era muy creyente, como todos los niños, y la sensación fue la de oír la voz de Dios. Parecía que me cantabas a mí, sólo a mí, sensación esta que era compartida por muchas personas con las que he tenido la ocasión de hablar de ti, y que han disfrutado de tus conciertos.
Sería muy bonito decir que desde ese día nació en mí la pasión por la ópera y que me convertí en un fan irreductible de tu arte. Pero tampoco sería verdad. No eran las mejores edades, y yo era un niño con demasiadas inquietudes a la vez. Pero dejaste esa huella en mi corazón, y cuando te vi salir por la vieja puerta de artistas de aquel teatro, hoy escandalosamente cerrado en una restauración interminable, tu mirada y tu sonrisa se me quedaron grabadas en el alma.
Pasaron algunos años y un día curioseaba yo por la sección de discos de “Galerías Preciados”. Debía de tener 16 o 17 años. Y vi un disco con una foto tuya en la portada, de la Deutsche Grammophon. Sin maquillar, con una leve sonrisa, el gesto humano y sereno, los ojos penetrantes y sensibles, un ligero chal o una rebeca por los hombros, y la mano derecha hacia tu cara, con los dedos índice y corazón suavemente acariciando tu barbilla, dejando ver un hermoso anillo de brillantes... Todo lo que se puede esperar de una gran cantante, sin expresión de divismo en la pose. Aún no sé muy bien por qué, pero me llevé ese vinilo a casa. Era una edición, cercenada pues faltaban dos arias que tardé años en conseguir, de tu disco de arias francesas, a la que se unía la más inenarrable explosión de genio vocal que yo he escuchado nunca: la Escena Final de Salomé, dirigida por Bernstein. Y de propina el dúo de Manon Lescaut cantado con Plácido Domingo en ocasión de la Gala en Honor a Bing en el MET. Es el primer disco de vinilo que he tenido y que se ralló de tanto escucharlo, de tanto grabarlo en cintas de cassette una y otra vez... Yo no tenía ni idea de ópera, ni sabía lo que era cantar. No es que sepa mucho más ahora, pero no diferenciaba una soprano de un barítono, para que te hagas una idea. Pero fueron cientos las horas que dediqué a ese disco, y que tenía una perla más, para mí, el Vals de “Romeo y Julieta” de Gounod. No sabía, ya te digo, lo que era ni una coloratura, ni nada parecido, pero los compases finales me parecían magistrales... ¿Cómo se podía hacer eso con una garganta? Era celestial. O el maravilloso pianísimo que emites en el aria de “Louise” de Meyerbeer titulada “Depuis le jour”... Hasta quince veces llegué a levantar la aguja del tocadiscos para escuchar esa nota, sólo esa nota, que no parecía emitida por un ser humano, sino que aparecía de pronto y flotaba a mi alrededor.
A partir de ahí, fue el maremagnum. Vinilos primero, cds poco después, compraba compulsivamente todo lo que hubiera en las tiendas de discos que llevara tu foto por delante, cantaras lo que cantaras, yo no tenía ni idea. Pero esto, gracias a ti, fue algo que corregí muy pronto, pues cuando algo te interesa tanto empiezas a leer. Primero artículos y crónicas sobre ti, luego historias de la ópera, y así comencé a entender y a disfrutar aún más con lo que escuchaba. Mi primera ópera completa, tu “Traviata” para la RCA, que sigue por aquí, uno de los cds se ha roto y he tenido que comprármelo de nuevo, pero esa vieja caja, que ya tiene casi 20 años, sigue conmigo.
Todo lo que me compraba en lo que a ópera se refiere tenía que tener a Montserrat Caballé, si no carecía de mi interés, y a cada grabación que descubría, acrecentaba mi pasión absoluta por tu voz. No son hermosos sonidos, que ya sería suficiente, son hermosos sonidos que nos cuentan historias maravillosas y nos llevan a soñar. Son carne y espíritu, están llenas de todo.
Pero un día te vi en una entrevista de televisión, hablando del disco “Barcelona”, y entre las cosas que dijiste hablaste bastante bien de Maria Callas y de Joan Sutherland. Sentí curiosidad: compré algunos de sus discos. Al principio, no voy a negarlo, las escuchaba comparándolas contigo, y siempre salías ganando (aún hoy me cuesta que no salgas ganando). Pero una vez más, gracias a ti, poco a poco, empecé a comprender que la ópera, la música lírica, era un regalo maravilloso del que podía disfrutar en sí mismo, aunque tú no estuvieras. Siempre regresando a ti, tarde o temprano, pero me abriste un camino inmenso. Incluso he llegado a pensar que tuviste algo que ver en mi decisión de estudiar Historia del Arte, aunque fuera porque me abriste los ojos a la sensibilidad y la emoción, y contigo pude aprender que el arte es un lenguaje, que es universal, y que aprender a leerlo, a sentirlo, era algo tan enriquecedor que valía la pena convertirlo en una profesión. Allí, en sesiones sesudas de musicología, todavía aprendí más. Pero te voy a contar un secreto: cuando tenía que hacer un trabajo o analizar una audición, nunca lo hacía de una de tus interpretaciones. Para mí, tú eras algo que me reservaba, algo mío, que no tenía que compartir con nadie y que era para disfrutar, no para analizar y desmenuzar. Aún hoy, hace poco, me pidieron que diera una conferencia en un lugar y me insinuaron que por qué no hablaba de ti, y me negué. Me negué a hablar académicamente de Caballé, sólo me interesa hablar de ti en conversaciones con otros apasionados de la ópera, y siempre desde el principio de las emociones, no de la musicología.
La segunda vez que pude verte fue con motivo de la “Margarita” de Mefistófele. Allí estaba yo, sentado en el gallinero de la Zarzuela, 1987, yo casi estrenando mayoría de edad. No sabes el escalofrío que sentí cuando mirando al cielo clamaste “Padre Santo, Mi Salva”, entre sollozos... A veces miro la grabación en video que circula por ahí, y casi creo que el desgañitado grito de “brava” que se oye cuando terminas el aria es mío. Pero el cielo estaba por llegar, pues un año después, ya bien adentrado en los 18, pude escaparme a verte en la “Salomé” del Liceu. Fue mi primer viaje en solitario, no tenía ni hotel. Yo llegaba a Barcelona, iba al Liceu donde un conocido me esperaba con la entrada, asistía a la representación y al terminar regresaba al Prat pues mi vuelo de regreso salía esa misma madrugada. Agotador y excitante, era lo máximo que, tras horas de discusiones, pude conseguir de mi madre. Allí estaba yo, conocía lo que había sucedido con esa representación, y allí estaba una inconmensurable Caballé cantando al máximo nivel una de mis ópera predilectas y, un nuevo secreto que te contaré, es la única que jamás he logrado poder escuchar entera por otra soprano, sea quien sea. Recuerdo como te vitoreamos, como abucheamos al director de escena, y como tras creo que cuarenta minutos de ovación te inclinaste tanto para agradecernos los aplausos que casi te pusiste de rodillas. Cuando el resto del elenco estaba ya más que harto de esperar en sus camerinos, tú seguías saliendo a saludar, una y otra vez. Esa vez te volví a ver salir por la puerta de artistas camuflada que tenía el viejo Liceu, e ibas radiante. Esa vez lloré como un niño durante una representación. Por cierto que no fue la última vez que lloré en esa noche, porque yo, hombrecito mayor, me vi de pronto en el aeropuerto de madrugada con mi vuelo retrasado por mal tiempo en Tenerife, y asustado y humillantemente nostálgico de mi madre rompí a llorar hasta que una azafata se apiadó de mí y consiguió meterme en el siguiente vuelo. Era Navidad, y yo no era tan mayor como pensaba.
Y poco después vinieron “Tristán e Isolda” en Madrid, y “Medea” en Mérida. Por cierto, dado que mi familia en esos años era más que humilde, esos viajes y esa compra de discos salía de trabajar como un enano en las cosas más inverosímiles, pues desde los 17 años cotizo a la seguridad social. No me arrepiento de haber gastado casi todo mi dinero en mi pasión, la ópera, y en tu voz. Para que te hagas una idea, llegar de Barcelona, donde pasaba unos días en casa de unos amigos, a Mérida, hice parte del trayecto en autobús y una parte considerable en ¡autostop! Mi madre, y ya voy camino de los 40, nunca se ha enterado, porque si se entera me mata. Guárdame el secreto, por favor. Viéndote como Isolda patalee de placer el suelo del Teatro, en Medea simplemente me aterroricé cuando enajenada avisabas a tus pobres hijos de que ibas a matarlos...
Ya no soy un jovencito, han pasado muchísimos años, pero mi admiración por ti, y el placer de escucharte, no ha menguado. Soy un operófilo, adoro la ópera, pero también soy, no me da vergüenza decirlo, un “caballesiano”. Con la ópera puedo ser objetivo y decidir qué me ha gustado y qué no de una representación. Con Montserrat Caballé no. Simplemente, me gusta todo. ¡Me has acompañado tanto! Terminé mis estudios con Montserrat Caballé, hice mi postgrado con Montserrat Caballé. El doctorado, las oposiciones, las mudanzas, los enamoramientos, las rupturas, El Enamoramiento, La Ruptura, la muerte de los seres queridos, el nacimiento y la felicidad de otros... todo con Montserrat Caballé. Tu voz permite que canalice todas mis emociones, que salgan fuera, que se expresen. Hace sentir más allá del corazón.
La última vez que te he visto cantar ha sido recientemente en Perelada, en los dos conciertos dedicados a Mozart que nos regalaste. Aparte de las sensaciones que se derivaron de tu actuación, por fin, gracias a un excelente amigo común, tuve la suerte de saludarte en el camerino. Sí, yo soy aquel señor que apenas podía balbucear palabra, que te dio la mano y casi no suelta la tuya, que apenas logró decir “ha estado usted formidable”.
El señor al que el bolígrafo jugó una mala pasada y apenas le escribía (por cierto, lo guardo porque aunque esté seco, estuvo en tus manos, supongo que neurótica necesidad de mitómano).
Y tú, pacientemente, y cansada, pues era muy tarde, me recibiste con tu mejor sonrisa, me intentaste sacar alguna palabra pero, finalmente, quedé como un idiota porque apenas pude responder, y al que le firmaste tres fotos que llevaba preparadas. Una para mi madre, una gran admiradora tuya, otra para uno de mis mejores amigos, que siente adoración por ti, y una tercera para mí. ¿Sabes qué foto escogí para mí? La de la portada de aquel disco de la Deutsche que me compré hace tanto tiempo.
La digitalicé, la vertí sobre papel fotográfico, y te la enseñé para que la autografiaras. No podía ser otra foto, tenía un enorme valor personal para mí. Era mi homenaje a ti y el honor que tú me concedías. Además, tuve la suerte de conocer a tu marido, el inmenso tenor Bernabé Martí, que estuvo socarrón y agradabilísimo conmigo, y me firmó también otra foto que ya es uno de mis mayores tesoros. Y a tu hija Montserrat Martí, que hizo lo mismo con gran gentileza.
Siempre es un milagro que una diosa baje a la Tierra para iluminar la vida de algunas personas como yo, y que lo haga con tu inmensa humildad, con tu compromiso político por la paz, el desarme y los derechos humanos, que se preocupa por los desamparados de todo tipo, y que nos señala un camino a seguir de rectitud y seriedad con una enorme sonrisa y una voz arrasadora. Sólo con el ejemplo de la carrera de la que ahora festejamos el cincuenta aniversario. Del tesón, del trabajo, de la sensibilidad, del alma y el amor puesta en el camino. Eres un ejemplo a seguir, una leyenda de carne y hueso.
Eres eterna.
Déjame terminar con otro secretillo que quizás te lleve a una sonrisa. De todo lo que has cantado, de todo lo que has hecho tan bien y con tanto éxito, de toda la belleza que ha manado de tu garganta, si tengo que escoger una sola cosa, siempre será el aria de “I Masnadieri” de Verdi, “Tu del mio Carlo al seno”. Creo que resume en su totalidad lo que has significado para la lírica: vivificar una partitura que parece sencilla y que no es la más destacada del repertorio con la expresión de la sensibilidad y la perfección. Sin alardes, sin excesos, sin números circenses, sin dramatismos excesivos, sólo con una voz controlada, con el volumen adecuado, muy por debajo de tus posibilidades totales de volumen, y con ese fraseo lunar y misterioso, y, sobre todo, esa interpretación que hace que todo tenga un sentido absoluto. De los miles de seguidores que tienes, seguro que no soy el único que te lo ha dicho. Es mi aria talismán, la que utilizo siempre hasta como amuleto de la suerte. Es imposible en tan poco tiempo hacer una interpretación más matizada y serena.
Montserrat: Te quiero.
Felicidades por estos cincuenta años, te esperamos al menos cien más. Y ahora, haciendo mías las palabras de tu amiga Marilyn Horne, con un añadido final, permíteme que te diga que ¡lo has conseguido, guapa!
CioCioFly:
A Doña Montserrat:
No sabría qué decirle, sinceramente, porque estoy segura de que ya le han dicho todo.
Seguro que ya le han dado las gracias mil veces en su carrera por el hecho de existir, por darnos todo ese arte, toda esa música, toda esa belleza.
Pero yo voy a reiterarlo, porque junto a sus grabaciones he pasado algunos de los mejores momentos de mi vida. Nunca he tenido la suerte de verla en directo y ahora que vendrá a Santander creo que tampoco podré porque se han agotado las entradas hace mucho. Sin embargo, creo que por primera vez en mi vida voy a hacer uso de trabajar en el teatro para "colarme" a ver un concierto. Para mí era una norma no escrita que voy a cargarme para verla a ELLA, por primera vez. (Parecerá una tontería pero yo me impuse que nunca me colaría de rondón en el teatro, aún pudiendo).
Y esta vez estaré ahí gritando hasta desgañitarme a una de las más grandes artistas que han poblado este Universo.
Cecil:
Me siento algo avergonzada por atreverme, en el colmo de la osadía, a añadir mi humilde mensaje a una cadena de posts tan bien elaborados y profundamente estudiados. Yo, contrastando con el resto de compañeros foreros, voy a escribir unas pocas líneas nada documentadas y, ni siquiera, ensayadas; así que, de forma espontánea y, por tanto, sinceramente surgida del corazón, de donde nace la pureza, es mi deseo hacerle llegar a la gran Montse esta brevísima carta:
Tengo enraizada en los recuerdos de mi infancia, cuando surgió mi gran pasión por la lírica (de forma algo milagrosa, pues carezco de antecedentes familiares), una serie de voces que para mí, por haberme acompañado durante todos los años de mi vida, desde que tuve uso de razón, ha sido asimilada bajo la proximidad que puede suponer el sonido de una voz amiga. La de Montserrat Caballé, por supuesto, es una de ellas... Ella está ahí, siempre presente, en mi primer "Don Carlo", mi primera "Giovanna" y tantos otros títulos que conforman la larga lista de los años dorados de esta inmensa cantante. Pero, igualmente, a pesar de no haber tenido nunca el placer de conocerla personalmente, está el recuerdo de su contagiosa risa cantarina que siempre ha sabido modular como si un aria de ópera se tratara... Recuerdo más de una entrevista en la que entrevistador y oyentes quedábamos prendados de su espontánea vivacidad, vital optimismo que siempre nos ha tocado dulcemente el alma. Un beso enorme, querida Montserrat: que cumplas muchas décadas más y que nosotros lo veamos. Gracias, gracias, gracias por ser así: gran artista y gran mujer.
Sipori:
Bueno, bueno, bueno. Me parece mentira que algo que pueda escribir yo, vaya a llegar a la mismísima Montserrat Caballé. Por eso mismo me quedo sin palabras, tartamudeando ante el ordenador. Simplemente le doy gracias a Dios porque exista la Caballé, y por haber tenido la oportunidad de oírla en vivo. Y a la señora Caballé mandarle mi más sincera felicitación por estos CINCUENTA años de carrera, que se dice pronto, pero que es toda una vida dedicada a esto que tanto nos gusta, jejeje. ¡¡Enhorabuena y a seguir disfrutando!!
Scarpia:
Para mi explicar qué significa Montserrat Caballé es muy difícil. Es mi diva. Su voz me introdujo en el mundo de la ópera y la estaré tremendamente agradecido toda mi vida por ello. ¡Lo que daría por poder besar la mano de esta tremenda mujer!
Con toda mi admiración y emoción ¡gràcies Montserrat!. Es a la única Tosca a la cual con gusto cedería mi espalda.
Angelotti:
¡Qué difícil me lo han puesto! ¿Felicitarle? ¡Anda que no hay motivos…!
Pues venga, en primer lugar felicidades por su maravilloso "cumpleaños", 5 décadas atrás el público empezó a disfrutar de una de las mejores voces líricas de las que se tienen noticia, pero hay muchas cosas por las que felicitarles, por las que ponerse de rodillas y dar gracias, como alguien dijo. Que se siente a leer estas letras usted ya es razón más que de sobra.
Este año me han hecho uno de los mejores regalos que puedo recordar. Una mala persona viajó desde Tenerife para verla en Peralada. Llevaba preparadas tres fotos suyas para pedirle una dedicatoria para él, otra para su maravillosa madre, y otra para mí. Y claro que usted tuvo la amabilidad de dedicármela aunque no estaba yo allí, directita ha ido a la más iluminada pared de mi salón, que lo sepa.
No quiero hablar de las bondades de su arte, pues aunque no esté de más, un humildísimo aficionado como yo, poco más se puede decir de lo ya dicho, Maestra. Maestra de mucha gente, a conciencia y a la vez sin pretenderlo y sin pretenciosidad. Transmitiendo los valores más positivos del ser humano de la manera más innegablemente propicia, valiosa e irrefutable: con el ejemplo. Siendo siempre natural, luchadora, cercana, trabajadora, simpática, profesional… agotadora de los adjetivos de cualquier admirador, por lo parciales que resultan.
Un muy agradecido saludo, y yo que estoy soltero y en edad de merecer, no querría dejar pasar la oportunidad y hacerle una preguntilla: esto...... vamo a ve cómo me ejplico...... ¿Montse? ¿T'apetezco? ¿Te qui'es casar con yo?
Leilog:
Queridísima Montserrat Caballé:
Si en este momento tengo la suerte de poderle escribir cuatro líneas, por encima de todas las cosas, quiero que le llegue mi infinito y sincero agradecimiento. Mediante el arte uno tiene la posibilidad de experimentar emociones que ni siquiera hubiera podido imaginar; uno puede salir de sí mismo o, al revés, puede encontrarse, desnudo, y descubrir, perplejo, que aquello más profundo de su ser en el fondo le es del todo desconocido. Y yo, gracias a usted he podido volar, lejos, muy lejos, hasta lugares insospechados. Usted me ha dado alas y yo me he dejado empujar a su antojo, sabiendo que allí donde me llevase iba a encontrar el acogedor cobijo de lo verdadero, de esa verdad que uno a veces roza con sus dedos pero que, intangible, se escapa.
Gracias por explotar ese don con el que ha nacido, gracias por trabajarlo con tanta generosidad y por ponerlo al servicio de todos. Debe ya de saberlo, pero me imagino que tiene que resultar reconfortante que le recuerden que su trabajo no sólo ha beneficiado al arte como algo abstracto, afirmación obvia por otra parte, sino que también ha alimentado a millones de personas que la necesitaban, que la necesitan y la necesitarán. Entre toda esa gente, aquí un humilde admirador, que sigue necesitándola y que la lleva dentro, muy dentro de sí.
Pocas veces he tenido la suerte de poderla escuchar en vivo. De todas las ocasiones que he tenido, me gustaría recordarle una en concreto, una, quizá absurda, con la que me he quedado, que me viene a la cabeza de inmediato si tengo que recordarla en escena. Se trata de su segundo recital en el Liceu después de la reconstrucción. Recuerdo que, en la segunda parte del recital, cantó un aria de Massenet. En un momento dado, al abordar un fragmento especialmente impetuoso, desafiando a la inmovilidad que conlleva un recital, le dio un enérgico golpe al piano, como si su voz, su canto, no lo le hubiera bastado para transmitir la emoción exacta. Y no me resultó un golpe de efecto, ni algo desmesurado (no se yo que pensaría el maestro Burgueras…). Pensé: “esa es la Caballé, ahí está ella haciendo suyo lo que en estos momentos le pertenece”. A día de hoy no recuerdo el aria que cantó –soy desmemoriado- pero ese golpe en el piano lo llevo en mí como ese secreto que comparten sólo dos personas y que les otorga una complicidad excepcional. Cuando canta, la música es suya. Y ese es el mayor regalo para el público.
Felicidades Montserrat por estos cincuenta años de carrera. Y, otra vez más –y tantas como sean necesarias-, gracias.
Pessoa:
Es un gustazo estrenarme en este foro poniéndome a la cola de semejante conversación.
Entro desde lo personal.
Ayer mismo me confesaba a un compañero de trabajo, a esa hora imperdonable del café de máquina, sobre mis gustos líricos. Lo que están cerca saben de mis aficiones con víscera (la de los ventrículos sólo). La Caballé, decía, ha sido la mejor soprano de la Historia. ¿Y la Popp?, me acorralaba, conocedor de mis otras debilidades. Mira, le contesté, esto no es una cuestión de jerarquías. Me sale del alma decir que Caballé es la mejor por que ninguna hasta ahora ha contenido tanta voz tras un susurro... Me vuelve loco sentir aparecer el vuelo sin límite de ese pájaro "Oh Patria mia", me desnuda el "Vissi d'arte" merodeando incansable las cenizas del dolor...
Las efemérides se prestan a oportunismos. El mio: amo a Montserrat Caballé.
Kenderina:
¿Y ahora que digo yo, con lo novata que soy y lo poquísimo que he oído comparado con todos estos amigos que han escrito antes?
En realidad, solo quiero decir tres cosas... en primer lugar, felicitarla por estos 50 años de carrera profesional, todos sabemos que en cualquier carrera es difícil, pero en el mundo de la música (opera o pop) es casi un milagro continuar ahí, dando guerra.
En, segundo lugar, darle las gracias por compartir su voz con nosotros.
Es verdaderamente, un regalo para el alma.
Y por ultimo...gracias por su risa, esa que me hizo pensar siendo aun una niña que la opera debía ser muy bonita si en ella había gente como usted.
No la pierda nunca!!
Figaro:
Una de las últimas autenticas divas, una especie en muy serio peligro de extinción. Extraordinaria cantante que comunica y transmite al público en prácticamente todo lo que hace. Incluso iluminando muchos papeles dándoles una lectura inusual pero fascinante y en muchos casos definitiva. El Liceo, Barcelona y España le deben mucho a esta gran artista por sus innumerables prestaciones incluso en teatros y temporadas de segundo orden y accediendo a llevar su arte sin exigir las condiciones que le daban los grandes centros y que por su talento y nivel merecía.
Gracias Montserrat, y gracias por habernos un legado tan magnifico con el que, cuando ya los años te exijan abandonar los escenarios y la vida artística activa, los que te conocimos en tu gloria te podamos recordar, y los que no te conocieron en director podrán tener buen testimonio de lo que supusiste en el panorama lírico universal.
Dios te conserve muchos años!
Esteban Rodrigo:
Querida Montserrat: Su voz me ha acompañado a menudo. Ahora hablo con mi novia que vive en Italia (yo en Valencia) y nos acompaña el Vicino a te que grabo con su marido. Su voz me emociona, relaja, transporta y acompaña. Por todas las ocasiones en que usted me ha estado cercana y por todas las veces que alguien ha llorado, sonreído, amado o sufrido por usted, le doy las gracias. Por toda su carrera, 50 años dedicada al canto y al público, le doy la mayor de las felicitaciones. Por su sonrisa y su humanidad, no me quedan palabras
Siempre eterna!
_______________________________
Para terminar, una cita muy especial que nos ha hecho llegar el forero Francisco Fidalgo (protti), que está preparando un libro sobre el gran tenor D. Pedro Lavirgen. A petición de nuestro querido compañero y con el permiso expreso del enorme cantante, reproducimos unas palabras, aún inéditas, que Lavirgen ha escrito para ese futuro libro. Es un honor para nosotros poder hacérsela llegar.
“Como compañeros inolvidables debo citar, antes que a nadie, a mi admiradísima y querida amiga Montserrat Caballé que, según mi criterio, ha sido la más importante soprano de la historia de la lírica, y como compañera ha sido tolerante, comprensiva, afectuosa y de una insólita generosidad, habida cuenta de la profesión que hablamos”. Pedro Lavirgen. |
|